martes, 27 de octubre de 2015

                      La Honestidad

Es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo en lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive.
En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo exterior, los hechos y las personas; en otros sentidos la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.
Honestidad y honradez, términos originariamente distintos, se han aproximado con el lapso del tiempo y la influencia del idioma inglés; de tal modo que se está produciendo una suerte de refundición de ambos para aludir a la definición de honradez, siendo ésta sólo una de las acepciones del vocablo "honestidad"



Autor: Mariano Melendez Vigil
Valores: Honestidad 

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En cuanto a los compañeros, había hecho buenas amistades y, con quienes no se “juntaba” siempre, tenía una amistosa convivencia que hacía fácil el trabajo. Sin embargo, como no todo puede ser rosa, aunque queramos, había algo que lo atormentaba, su nombre: Ana, y es que si esa mujer fuera una compañera más, Miguel no tendría problema en sencillamente ignorarla, pero no podía hacerlo, porque simplemente Ana era su maestra de historia y estaba condenado a verla dos veces por semana. 

El problema es muy simple, por alguna razón Ana tenía una extraña fijación por Miguel y su grupo de amigos, o al menos ellos así lo sentían, sistemáticamente prestaba atención a cada palabra que salía de sus bocas y a cada movimiento que hacían. Y no es que fueran alumnos problemáticos, simplemente eran jóvenes inquietos con muchas ganas de hacer cualquier cosa, a quienes les implicaba un esfuerzo sentarse dos horas sin hablar y sin moverse para escuchar la clase aburrida que Ana solía dar. 

¡Siempre es igual! ¿Por qué no dará su clase de otra manera? ¿Por qué no se le ocurre algo divertido que haga que nos interese la historia? Se preguntaba constantemente Miguel, ¿de qué sirve esta clase? La maestra sólo lee cada capítulo del libro y nos hace transcribirlo a nuestro cuaderno, y ¿para qué?. 
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Los minutos que anteceden a la clase de historia siempre son los peores, porque empieza el tedio y el suplicio de controlar cada movimiento y palabra Ana es el verdugo y los estudiantes los presos que tienen miedo de hacer enojar a la maestra, y ganarse con ello una mala calificación, un recado para sus padres o hasta la burla de sus compañeros. Porque Ana tiene un especial gusto por regañar al desobediente a gritos y frente a los demás, podría decirse que goza con la risa ahogada de quienes presencian su sermón, y después hacen uso de sus críticas para molestar. 

Han aguantado todo, se han preguntado miles de veces ¿por qué no nos tocó otra maestra de historia?, y no hay respuesta, sólo un coraje contenido que cierto día, los hizo planear la más audaz de las venganzas.



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